miércoles, 18 de junio de 2008

"Una Antígona por detrás" por Mónica Berman

Familiar
Obra con dramaturgia y dirección de Agustín Pruzzo y Josefina Sabaté

Una Antígona por detrás. Contemporánea. Sin coros, sin mensajeros, sin palacio.
Antígona no por el personaje, aunque haya, como es de esperar en estos casos, una muerte anunciada, sino la familia de Antígona, diezmada, arrinconada, huyendo de los espejos.
Al principio se produce la circulación por los espacios construidos. Peregrinos, guiados por un oscuro personaje, se inscriben en un sitio de conmovedora belleza, de promesa de sueños truncos, iluminados por velas pequeñas que desocultan el camino.
Luego, Creonte, solo. “No hay familia sin Creonte”. Y una cara que asoma, por una ventana que la desdibuja.
Más tarde, el sitio elegido para ser testigos de la historia.
El baño y el comedor se dividen a partir de un mueble antiguo, con cajones, sobre el que reposan fotos que terminarán por borrarse.
El espacio escenográfico elude la construcción realista y detallada, inscribe objetos precisos que funcionan como anclaje. El signo que permite la reconstrucción del sistema. ¿Cómo ver piso de baño si la cubierta símil-cerámico se arruga en los costados? ¿cómo dejarse engañar ante la tela negra detrás de la pileta, del espejo, del inodoro?
La hermana descuidada además entrará vestida de fiesta en la bañera.
El personaje oscuro sigue los actos de los demás personajes, los escudriña, los incita, los explica, los oscurece.
De manera fragmentaria se reconstruye la historia. Los pedazos se unen a partir de la interacción cruda e incompleta de la familia y a través de los pensamientos de los personajes.
En los diálogos supuestos más de una vez no se miran, la voz se dirige hacia el vacío. No es dable pensar que haya un destinatario construido. Las palabras rebotan contra las paredes, contra los muros que son los otros, esquivando al que habla.
Familiar se arriesga a señalarnos a los seres pensando. Desfilan incesantes los recursos para dar cuenta de algo poco frecuente en el teatro.
El que no piensa es Creonte, sólo respira de manera potente ¿no tiene adentro?
Cruzan la escena los recuerdos, la infancia, la vida nunca feliz del pasado. El sino escrito de la tragedia.
Ya no hay guardias, ni segunda guerra, tampoco Antígona Furiosa. Pero el mito vuelve a actualizarse en un rincón escondido de la ciudad de Buenos Aires.
La tragedia, fantásticamente convocada, ha tenido otra vez lugar.

Mónica Berman

Ver nota original: www.criticateatral.com.ar

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